En un día claro y delicado como las pupilas del corazón se levanta un nuevo día a media mañana. Jaja
Agita las moscas de la pereza enredada y saluda la hora de salir a la calle con cada vez más energía.
Y sale, sale a la calle saludando el Sol que iluminó hasta ese día toda tu vida. Que iluminó tu tiempo en esta tierra, en todos sus movimientos diurnos.
Hoy es el último día tal vez que me iluminarás, pensaba.
Una sonrisa imbecil en la pantalla amiga del bar me recuerda que es hora del café caliente y mi dosis de letras sin compasión. Ahora nada existe. La conexión es total entre mis ojos y mi cerebro. No me distrae ni las pésimas noticias de guerra social, ni la invasion turca de Rojava. Solo mi c rebrote y mis ojos.
Después es hora de trabajar y dejarse la piel en el curro que te llena en ocasiones de astro y de satisfacción al mismo tiempo. Pareja y mis hijos, que es mi isla de salvación ante tanta hipocresía, me empujan hacia adelante de nuevo.
Una sonrisa imbecil en la pantalla amiga del bar me recuerda que es hora del café caliente y mi dosis de letras sin compasión. Ahora nada existe. La conexión es total entre mis ojos y mi cerebro. No me distrae ni las pésimas noticias de guerra social, ni la invasion turca de Rojava. Solo mi c rebrote y mis ojos.
Después es hora de trabajar y dejarse la piel en el curro que te llena en ocasiones de astro y de satisfacción al mismo tiempo. Pareja y mis hijos, que es mi isla de salvación ante tanta hipocresía, me empujan hacia adelante de nuevo.
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