06.11.12
Todas las cosas importantes deben escribirse con estilográfica, por ese motivo yo escribo a boli u ordenador. Nada en este mundo es importante y todo lo es, dijo alguien.
Hoy me he puesto a recordar un tiempo pasado. Cuando era un niño, si, cuando era un niño las cosas eran muy fáciles de catalogar y los matices escasos. Entonces yo tenía dos grandes lineas de pensamiento: Lo que me divertía y lo que no me divertía. Luego estaba lo que me aburría pero rara vez lo tenía en cuenta hasta que la situación me alcanzaba. También me ocurría que diferentes conceptos no entendía pero como el trato que le dispensaba en mi cabeza era escaso esos conceptos no maduraban y eran desechados y catalogados como "aceptados como parte del juego".
Y a propósito de los niños, quería madurar el concepto de aceptación que se distorsiona con los años.
Cuando eres un niño -antes hasta los 14 años, ahora los 10, salvando ciertas distancias- aceptas a la gente que te rodea sin mas, sin ningún tipo de prejuicios. En la edad adulta te convierte la vida en partidista, sectario y Juez a través de los años. No de un modo explicito ya que la sociedad en la que vivimos tiene reglas que te enseñan como canalizar los caminos de exclusión que tomamos respecto a los demás. Pero la realidad es que nos posicionamos en un lado u otro del tablero, y no nos damos cuenta que el tablero es igual en todas sus partes y no hay fronteras ni sectores. Es en este punto donde me remito a la mentalidad del niño. El niño camina por la vida sin rencores ni posicionamiento predeterminado. Es en este punto donde me hago la pregunta: ¿Es el niño mas sabio que el adulto?. Sin duda. El adulto vive en el engaño a sus semejantes y la prisa por acumular, siempre proyectando su vida en el futuro, es feliz el diez por ciento de su tiempo. El niño vive en la verdad y en este momento, no teme por que no miente, es feliz el noventa por ciento del tiempo. Esta claro quién está equivocado.
También creo que en la ancianidad la mayoría de nosotros regresa al mundo equilibrado de la vida. Descubrimos entonces lo absurdo de ocupar tu tiempo en juzgar a los demás y actuar conforme a esas decisiones. Entonces el ser humano ocupa de nuevo su escaño en el parlamento de la Sabiduría, Sabiduría que había abandonado tiempo atrás, junto con su niñez.
Todas las cosas importantes deben escribirse con estilográfica, por ese motivo yo escribo a boli u ordenador. Nada en este mundo es importante y todo lo es, dijo alguien.
Hoy me he puesto a recordar un tiempo pasado. Cuando era un niño, si, cuando era un niño las cosas eran muy fáciles de catalogar y los matices escasos. Entonces yo tenía dos grandes lineas de pensamiento: Lo que me divertía y lo que no me divertía. Luego estaba lo que me aburría pero rara vez lo tenía en cuenta hasta que la situación me alcanzaba. También me ocurría que diferentes conceptos no entendía pero como el trato que le dispensaba en mi cabeza era escaso esos conceptos no maduraban y eran desechados y catalogados como "aceptados como parte del juego".
Y a propósito de los niños, quería madurar el concepto de aceptación que se distorsiona con los años.
Cuando eres un niño -antes hasta los 14 años, ahora los 10, salvando ciertas distancias- aceptas a la gente que te rodea sin mas, sin ningún tipo de prejuicios. En la edad adulta te convierte la vida en partidista, sectario y Juez a través de los años. No de un modo explicito ya que la sociedad en la que vivimos tiene reglas que te enseñan como canalizar los caminos de exclusión que tomamos respecto a los demás. Pero la realidad es que nos posicionamos en un lado u otro del tablero, y no nos damos cuenta que el tablero es igual en todas sus partes y no hay fronteras ni sectores. Es en este punto donde me remito a la mentalidad del niño. El niño camina por la vida sin rencores ni posicionamiento predeterminado. Es en este punto donde me hago la pregunta: ¿Es el niño mas sabio que el adulto?. Sin duda. El adulto vive en el engaño a sus semejantes y la prisa por acumular, siempre proyectando su vida en el futuro, es feliz el diez por ciento de su tiempo. El niño vive en la verdad y en este momento, no teme por que no miente, es feliz el noventa por ciento del tiempo. Esta claro quién está equivocado.
También creo que en la ancianidad la mayoría de nosotros regresa al mundo equilibrado de la vida. Descubrimos entonces lo absurdo de ocupar tu tiempo en juzgar a los demás y actuar conforme a esas decisiones. Entonces el ser humano ocupa de nuevo su escaño en el parlamento de la Sabiduría, Sabiduría que había abandonado tiempo atrás, junto con su niñez.
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